La práctica constante de los principios morales enseñados por los Instructores Espirituales que estuvieron entre los hombres, de los cuales el mayor exponente fue el Cristo Jesús, constituye el único camino capaz de asegurar la llegada hacia las esferas superiores.
No hay otra lección, sino los sacrificios emprendidos en lo cotidiano, no hay subterfugios que puedan abreviar la caminata evolutiva.
Solamente la persistencia en la mejoría interior es capaz de transformarlos y elevarlos.
Es importante comprender que existen en ustedes muchos hábitos perjudiciales e imperfecciones que están incrustadas en su periespíritu por la repetición de acciones equivocadas a lo largo de sus diversas vidas y, para ser extirpadas, necesitan ser trabajadas permanentemente. Son como la piedra bruta que necesita ser pulida para mostrar su brillo.
No hay fórmulas milagrosas para alcanzar la perfección moral; solamente son necesarias las incisiones profundas, ejecutadas por ustedes mismos en sus egos, para extirpar el egoísmo, la vanidad, la ambición, el orgullo y otros gérmenes que invaden la personalidad humana.
En los momentos de Transición Planetaria las posibilidades de las caídas son mayores, pero, innumerables oportunidades son ofrecidas; a pesar de eso, aún dejan que la naturaleza inferior y los instintos dominen sus vidas.
Como ya les fue dicho, la puerta de los placeres fáciles y de las ilusiones mundanas es bien grande y atractiva a diferencia de aquella que permite el acceso a la Luz de lo Alto, pues ésta última exige renuncias, sacrificios y principalmente valor.
Todas las advertencias suministradas tienen la intención de alertar para que a cada día confirmen sus votos de trabajo incondicional y abnegado a lo Alto, fortaleciéndoles y limpiándoles sus cuerpos astrales a través de la práctica del bien, del altruísmo y de la verdad.
Otro objetivo es la transmisión de estos mensajes hacia todos, como sea posible, pues si la reforma íntima siempre fue utilizada por los Seres de Luz, en los momentos de transición, tal reforma es el único escudo capaz de proteger a la humanidad de las caídas abismales, las cuales pueden hacer fenecer por largo tiempo la oportunidad de alcanzar las esferas más elevadas.
Un Amigo de las Pléyades
(Mensaje psicografiado, recibido el 22 de mayo de 1999, por un médium del GER)