Paz en sus corazones!
Silencien sus bocas!
Silencien sus mentes!
Silencien sus corazones!
Adéntrense al templo del espíritu, a lo recóndito de su ser y dejen que la Luz sublime de las esferas celestiales les inunde.
El ser humano, criatura perfecta en esencia, centella de la Luz Divina, desciende a los mundos materiales por elección, para emprender valioso aprendizaje. Atravieza una gran escala, surge en la materia para vivirla, aprender con ella y al final redimirse. Recorre un inmenso camino atravezando todos los reinos de la naturaleza y al individualizarse tiene entonces la oportunidad de readquirir consciencia de su esencia cósmica por el ejercicio de la libertad.
Cae innumerables veces, perdiéndose en las ilusiones transitorias, alejándose de sus objetivos mayores, hasta que al final de ese tortuoso camino se encuentra con su esencia; sin embargo, solamente atravezando los bravíos océanos de dolores y contradicciones es que el ser humano puede ser capaz de reconocer la centella de Luz que brilla en su pecho.
Es por medio de la victoria sobre los conflictos, internos o externos, que redescubre la Paz.
A aquellos que ya vislumbran la Luz les compete ayudar y guiar diligentemente a los que todavía no tienen capacidad de divisarla pues, a cada instante, surge una nueva oportunidad de alcanzar no solamente destellos de luz, sino el amanecer que no se acaba.
Aprendiendo a amar, practicando con esfuerzo y constancia el "hacer a los otros lo que nos gustaría que nos hicieran", el ser humano alcanzará las esferas angelicales.
La búsqueda incesante por la iluminación que eleva es hacia donde el ser debe dirigir todas su fuerzas.
Persistan en la búsqueda de la Luz.
Persistan en la práctica del Amor, única partícula que construye el fuerte cimiento de la eternidad.
Akenatón
(Mensaje psicografiado, recibido el 14 de mayo de 1999, por un médium del GER)