El 12 de Enero de 1987 nuevamente salí del Centro en dirección a la Isla de Pascua, en mi sexto viaje al lugar acompañado por Shama Hare. Allá estaba siendo esperado por un pequeño disco.
Entré, después de acomodarme en un sillón muy comfortable y con un diseño ajustado para la anatomía del terráqueo. Partimos en dirección al Océano Pacífico y en pocos instantes estábamos sumergiéndonos.
Pasé entonces cerca de una maquinaria especial para limpieza del agua marina montada en la región de una corriente marina por los habitantes de ARMAT y que está en pleno funcionamiento.
Habían dentro de la nave otros tripulantes además de mí, que imagino fueran robots porque no me recibieron y no conseguía verlos de manera alguna, por eso dejé mi atención enfocada hacia los paisajes marinos impresionantes de belleza y de raras tonalidades de verde por todas partes.
No me incomodaba el hecho de no ver a los tripulantes del disco porque desde el instante en que recibí la orden de entrar ahí fuí siendo guiando por una "Consciencia" poderosa y al mismo tiempo muy amiga, que me acompañaba tan presente que a pesar de ser invisible yo prescindía de la presencia física. Estaba a la voluntad sin temores.
Regresamos a la Isla de Pascua instantes después de que me revelaron que el pueblo que construyó las maquinarias marinas formó parte del cuerpo de la Fraternidad Blanca Universal y que nadie de ellos se encontraba más en el Planeta.
Me mostraron nuevamente el tanque de energía, generador del campo de fuerza que está enterrado bajo los siete moais y ví algo como un diamante pequeño en la punta de un conductor que partía del centro del tanque en dirección al centro de la Tierra. Este diamante tiene la forma de un pequeño triángulo y tiene la función de captar energía almacenada en el gran tanque.
Me dijeron aún que en la semana anterior, específicamente el 05 de enero de 1987, yo había viajado más allá de la Isla de Pascua dentro del duplo de un moá. Me informaron también que en este día no podría hacer otro viaje como el anterior por motivos de orden físico; el plazo de una semana era muy corto para someterme nuevamente a aquella operación y que el pueblo visitado en aquel día también pertenece a la Fraternidad Blanca Universal.
Fuí entonces siendo invadido en ese momento por una sensación de que aquella era la última vez que regresaría a la Isla de Pascua, y no obstante, sentía que había tantas cosas por aclarar. Fue un pensamiento rápido, no tuve tiempo de cuestionar mentalmente con el guía del viaje porque comencé a sentir un sueño muy fuerte, irresistible, pero sabía que no dormiría, era como si qusieran romper mi resistencia para no cuestionar y prestar atención a lo que vendría.
La Isla de Pascua comenzó a emerger transformándose en la parte más alta de un gran continente unido a la Antártida. América del Sur había perdido su forma. La visión de este Nuevo Mundo era fascinante. La atmósfera era brillante de luz, el cielo de un azul nuevo, como si la naturaleza respirara salud.
Un número muy pequeño de sobrevivientes, disperso en pequeñas comunidades, vivía de perfecta cooperación, en una armonía inspirada en el más elevado sentimiento de Fraternidad. Esas eran las matrices de la Nueva Raza del futuro en nuestro Planeta Tierra. La somnolencia fue desapareciendo vágamente como si retornara de un sueño muy real y, en ese interin, fuí traído de vuelta al Centro, con una sensación de haber cerrado un capítulo más sobre las revelaciones preciosas dadas por Hermanos Superiores.