Videncia: Comienzo a sentir una fuerte emoción y veo como por fuera de la Casa Espírita desciende una intensa luz. Atraviesa las paredes y entra en la sala donde estamos reunidos. La carga de energía es tan fuerte y semejante a aquella percibida en Roraima, cuando Él, el Maestro Jesús, se manifestó.
Enseguida, Su Presencia llena el ambiente y se forma Su Imagen, ante la cual mi cuerpo espiritual cae arrodillado, de la emoción por su proximidad. Toco Su túnica, agradecida por la dádiva de la visión extra física que me permite verlo así, con tanta claridad y de tan cerca.
Pedí perdón por el retraso de milenios y supliqué que curase mi corazón, afirmando mi deseo de Seguirle y Servirle con todas las fuerzas de mi alma. Él irradió una fracción infinitesimal de Su Luz en la dirección en la que estaba arrodillada y pude sentir Su Amor recorriendo toda mi alma. Incluso mucho después de la reunión, aún podía sentir el calor de Su Presencia.
Lágrimas, añoranza, alegría y otros sentimientos se agitaban en mi interior. Tan sólo quería quedarme allí, Viéndole, sintiendo con Su Presencia el calor que anima la vida; pero, tenía que canalizar Sus palabras que fluían en mi mente. Busqué fuerzas, pedí ayuda a los Hermanos para que consiguiese salir de aquel estado de completa reverencia y actuase como medianera.
Lo que sigue es ciertamente una pálida y distante traducción de la Fuerza Mayor que Su Presencia significó para nosotras ese día. (ver el Mensaje semanal 1371)
GESJ - 13/12/2008 - Vitória, ES - Brasil