Hijas de mi corazón, no penséis que aquí me encuentro sin dificultades. He superado muchas barreras interiores, y los Hermanos Mayores controlan mi emoción para que pueda hablaros.
He pasado por varias etapas desde que se rompieron los lazos físicos, desde la inestabilidad emocional, el apego al hogar, las preocupaciones por aquellos que dejé en la Tierra, las llamadas insistentes de las mentes que quedaron tan perturbadas.
En varias ocasiones fui hospitalizado por manos amigas y caritativas, ni siquiera pude reconocerlas a todas en aquel momento. Otras veces huía atormentado de regreso al hogar, pues me llamaban los entes queridos que tampoco conseguían despegarse de mí.
Que ardua lucha, hijas mías, la del espíritu que quiere liberarse de la Tierra sin conseguirlo. El corazón se queda atrás y la mente permanece en la Tierra.
Aquel que no ha disciplinado su pensamiento, sus emociones, padece horrores cuando llega el momento de apartarse de su familia.
¡Ayudadme por favor!
Hace un tiempo que he conseguido establecerme en un Hospital un poco más alejado de la corteza terrestre, pues he pedido tanto a mis amigos del corazón que me alejasen un poco del hogar para poder recuperar fuerzas más rápidamente; pues con el conocimiento que he acumulado sé que tengo mucho trabajo por delante para recuperar mi alma y poder regresar para ayudar, verdaderamente, a quienes amo.
Vosotras, mis queridas, poseéis el conocimiento, la disposición, la fuerza, no dejéis que la pena, el resentimiento, el sufrimiento moral, os provoquen desequilibrios innecesarios.
¡Uníos en torno a Cristo! Perdonad siempre a quienes os hieren el corazón. Somos deudores, debemos saldar nuestra deuda, porque aún muchas existencias tendremos para reunirnos en torno a Cristo, de un modo diferente, sin las luchas ásperas que provocan dolor y tristeza.
Yo estoy bien, decídselo a vuestra madre. Continuad con vuestra vida sin perturbaciones innecesarias, estudiad y trabajad.
Aquí yo intento fortalecerme con las armas de la oración y del trabajo con Jesús.
Hija, equilibra tu pensamiento, estudia para tu propio crecimiento espiritual. Las luchas en la Tierra son pequeñas ante la deuda que tenemos con nuestro prójimo.
Estoy bien. No me llaméis con tanta frecuencia, pues aún no tengo fuerza para ayudaros como me gustaría. Necesito más tiempo para reajustarme al nuevo ambiente y adquirir las fuerzas para evolucionar y poder ayudar.
Mi pensamiento sigue con todas vosotras, en mi oración diaria que hacemos aquí en un ambiente tranquilo.
Jesús une las almas con Su Amor y yo siempre estoy en vuestro corazón, así como vosotras estáis en el mío. Decidles a todos que las heridas cicatrizarán, basta con amar y perdonar.
Perdono a todos los que puedan haberme herido, y pido perdón a quienes herí, consciente o inconscientemente.
Que Dios nos bendiga a todos.
¡No tengo fuerzas para continuar!
Que Dios os bendiga, hijas de mi corazón.
Un beso para todos.
GESJ - 18/08/09 - Vitória, ES - Brasil