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Pétalos de Luz! - 35

15/05/2000

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Transcripción resumida de algunos capítulos de la obra mediúmnica En la Cortina del Tiempo, de Edgard Armond

Los primeros agrupamientos humanos tuvieron lugar en dos continentes desaparecidos hace milenios:

- La Lemuria, al sur de Asia, donde encarnó la Tercera Raza, la primera en habitar la Tierra;

- Y la Atlántida, situada en el Océano Atlántico, entre Europa, Africa y América actuales, donde encarnó la Cuarta Raza.

Los seres humanos de la civilización atlante adoraban al Sol y los astros, a los animales y a la naturaleza en todas sus manifestaciones, formando grupos politeístas, que los Protectores Espirituales de la Raza toleraron hasta ciertos límites el que hubiera, en los santuarios y en los templos organizaciones sacerdotales que rendían culto a un Dios Unico -Atman, el Gran Espíritu-, como fruto del trabajo de los Misioneros que encarnaron ahí.

Los atlantes se multiplicaron y formaron una comunidad de naciones poderosas, estableciendo colonias, sobre todo en el Este, las cuales, después de la desaparición del continente, se desenvolvieron y expandieron con el flujo de los refugiados, sobre todo del actual Meditarráneo, al norte de Africa y al sur de Europa, formando núcleos de varios pueblos antíguos. Estos pueblos, más tarde, mezclados con los griegos, formaron la Europa actual, así como también dieron las raíces etnológicas de los tuaregs, libios, núbios y etiopes.

En los últimos tiempos de la Gran Atlántida, se degeneró de tal manera la utilización de los conocimientos espirituales que la creencia en un Dios Unico quedó obscurecida porlas prácticas de la magia negra, por el culto a los dioses mitológicos y por los intereses de orden puramente material. Ninguna actitud o decisión se tomaba sin audiencia previa de sacerdotes, magos, adivinos y hechiceros.

Los odios y las ambiciones se multiplicaban por el uso de los poderes de las tinieblas; asesinatos, venganzas y disputas interminables entre familias y tribus ocurrían por todas partes. Hasta que los pueblos de diversas provincias llegaron a aniquilarse en guerras de exterminio, por influencia de esos poderes terribles y aniquiladores, mismos que intentaban, como siempre, desviar al ser humano de los caminos rectos de la evolución espiritual.

Los sacerdotes del Dios Supremo, en el silencio de sus templos suntuosos, se consideraban impotentes para imponer nuevos rumbos para las multitudes, y muchos de ellos quedaron vinculados con esas fuerzas de corrupción.

Eran los guías legítimos y espirituales del pueblo que, ciegamente siempre los obedecieron; cuando se dejaron dominar por esas fuerzas entraron a competir unos con otros por la posesión de poderes siempre mayores, y así se entregarn definitivamente a las cadenas de las tinieblas.




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