Aún sobre el mismo tema, al año siguiente, el 22/07/85, uno de los médiums de nuestro equipo de trabajo tuvo una videncia muy interesante que dió origen al siguiente texto:
"Un templo antiguo, columnas altas y rectas de mármol brillante. A lo alto un cementerio con enrrejado de hierro al frente. Entidades extraplanetarias negativas, que ya habían sido detectadas por otros compañeros el año anterior, llegaron ahí en grupos y se detuvieron sobre las sepulturas de los difuntos más recientes utilzando mecanismos a distancia, tipo de control remoto. Abrían las sepulturas y absorbían de los cuerpos en descomposición unos elementos, principalmente de la parte cardíaca. Unos que se abastecían se retiraban, mientras que otros llegaban. Después de este proceso ellos se tornaban aún más feos y horripilantes. Uno de ellos, al verme, se acercó a mí y aumentó sustancialmente su cabeza y rostro, con forma animalezca, con la intención de amedrentarme. Sus cabellos eran como una melena de león y sus ojos enormes. Encarándome dijo que ellos podían dominar y poseer a una persona a distancia solamente por la sintonía del pensamiento".
En Obreros de la Vida Eterna, de André Luiz, libro psicografiado por Franciso Xavier, encontramos en el capítulo XV, página 231, lo siguiente:
Proseguíamos con las mejores condiciones de calma cuando nos acercamos al campo santo. Una extraña sorpresa me golpeó de súbito. Nadie de mis compañeros, con la excepción de Dimas, que hacía visible esfuerzo para sosegarse a sí mismo, exteriorizó cualquier emoción frente al cuadro que vimos. Pero no pude disimular el espanto que me tomó el corazón. Las rejas de la necrópolis estaban llenas de gente de la esfera invisible teniendo una gritería ensordecedora. Era una verdadera concentración de vagabundos sin cuerpo físico que se apiñaba a la puerta. Enviaban mofas y burlas a la larga fila de amigos del difunto. No obstante, al percibir nuestra presencia, mostraron caras de enfado y uno de ellos, más decidido, después de mirarnos desafiante, bramó a los demás:
- No es justo! Está protegido…
Miré, preocupado, e indagué al padre Hipólito lo que significaba todo aquello. El ex-sacerdote no se hizo del rogar.
Nuestra función acompañando los despojos -aclaró él- afablemente no se verifica sólo en el sentido de ejercitar al desencarnado para los movimientos de la liberación. Se verifica también su defensa. En los cementerios acostumbran congregarse una compacta hilera de malechores quienes atacan las vísceras cadavéricas para sustraerles los resdiduos vitales.
Ante mi extrañeza, Hipólito consideró:
- No es para admirar. El evangelio al describir el encuentro de Jesús con endemoniados se refiere a Espíritus perturbados que habitan entre los sepulcros.
Reconociéndome como inexperto en el materia religiosa, Hipólito continuó:
- Como ustedes ignoran, las iglesias dogmáticas terrestres poseen erradas nociones acerca del diablo, pero inegablemente los diablos existen. Somos nosotros mismos cuando, desviados de los designios divinos, pervertimos el corazón y la inteligencia, en la satisfacción de criminales caprichos…
- Oh! Pero que paisaje repugnante! - Exclamé sorprendido, interrumpiendo la instructiva explicación.
- Es verdad - dijo el interlocutor - es un cuadro en verdad asqueroso; todavía es reflejo del mundo en donde también nosotros fuimos leales hijos de Dios.
La observación me satisfizo íntegramente.