Hermanos Míos
Hijos amados de nuestro Padre que es Dios. Bajo los escombros se esconde la mayor de todas vuestras ruinas.
No comprendisteis nuestras palabras cuando estuvimos en misión, en la Tierra. Las ruinas de ahora son la parábola viva que no se cansa de contaros de la triste condición moral a la que os entregasteis.
Hermanos, hubo un hombre, hijo de Dios, que habiendo recibido una rica mansión en la que vivir, se olvidó de agradecer al Padre por la herencia bendita y dedicarse a trabajar. Así, viviendo despreocupadamente se puso a consumir las riquezas de su morada; desde los objetos decorativos hasta el mobiliario, y hasta los elementos de la estructura de su morada. La obra se deshizo, consumiendo así todo lo que había recibido.
Al final de su vida, ya viejo y cansado, al hombre quedó abandonado, pues su casa, antes rica y abundante, se había convertido en ruinas.
Esto, Mis hermanos, es lo que hicisteis con vuestro Hogar, la Tierra, recibida como herencia de la bondad mayor del Creador.
Pero aún hay tiempo. Buscad entre los escombros y los destrozos de las ruinas de vuestras ciudades, entre el fango que entra en vuestras casas en las inundaciones, o el fondo de la tierra que sotierra vuestros hogares, para encontrar los cimientos de la morada espiritual, aquella que nunca perece, y recordad: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre a no ser por Mí.
Cuando queráis alcanzarlo, obligatoriamente deberéis recordar y vivir las lecciones que os dejamos: Basta con amar a Dios sobre todas las coas y al prójimo como uno mismo.
Mientras caen en ruinas vuestras ciudades frenéticas, nosotros os amparamos a todos. Venid a nosotros, pues estamos con vosotros.
Vuestro Hermano que os ama siempre y con vosotros está.
Jesús
GESH - 29/01/2010 - Vitória, ES - Brasil
Obs. Tras la catástrofe de Haití.