Que todos estén prevenidos. Cuando el desequilibrio se aloja en la mente y el corazón le da guarida, no hay milagro que pueda salvar al espíritu de una caída vertiginosa.
Que todos sepan la gravedad de las brechas que minan la fe y la confianza en los Representantes de Cristo.
Que todos sean conscientes de la responsabilidad sobre sus actos y de que la misericordia Divina es justa y reserva a cada hombre y mujer, los frutos de sus obras.
Que la caída no haga desfallecer al caminante, al contrario, que le den ánimo para dedicarse aún mejor, con alegría, amor y obediencia a la Siembra del Padre.
Salve la Fuerza.
Salve la Luz.
Juan Bautista
GESJ - 23/03/2010 - Vitória, ES - Brasil