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Atravesando el puente...

28/05/2010

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¡Salve hermanos! Paz y bondad entre nosotros.

Con gratitud me aproximo una vez más a este Grupo de señoras trabajadoras de la Siembra de Jesús. Nos gustaría que otros tantos Grupo trabajasen como este, con ahínco, determinación y firmeza en esta hora; si esto fuera así, abrazaríamos a muchos más hermanos que vendrían a nosotros.

Pero la humanidad ha tomado su decisión y son pocos los grupos de trabajo determinados, saneados y sustentados en la fe viva, en el amor y en la reverencia al Creiador.

Trabajamos junto a vosotros y así permaneceremos en cualquier momento que deseéis preguntarnos, necesitéis aclaraciones o intercambios saludables entre los dos mundos; siempre estaremos aquí para acompañaros. Os habla vuestro Hermano Kardec.

Margarida - Es un gran honor para nosotros...

Kardec - Gracias.

Margarida - ...nos conocimos en Egipto...

Kardec - Nuestra caminata es larga, hermana. Desde muy lejos vinimos hasta este Orbe, a las luchas reñidas de la vida, en sucesivas encarnaciones; y cuando la Bondad Divina nos ofreció el trabajo de Codificación de la Doctrina maravillosa, no imaginaba el inmenso rescate que supondría para las faltas del pasado, en la práctica de la magia que realizaba.

Poco a poco esa trayectoria, larga caminata realizaba como grupo espiritual, como familia espiritual, va siendo revelada a medida que maduran nuestras facultades psíquicas, incluso porque es preciso ser fuerte para reconocer lo culpables que hemos sido, infringiendo las Leyes Soberanas que rigen los Universos.

Amorosos hermanos nos asisten y nos acompañan a lo largo de nuestro renacimiento a la luz. Gracias a ellos atravesamos el puente que nos aleja del tiempo de las tinieblas en las que vivimos. Es cierto, muchos sucumben en la travesía, muchos se lanzan desde el puente al abismo, y tardan mucho tiempo en regresar del reino de la oscuridad. Caminar sobre este puente maravilloso nos permite despertar al amor.

Y es en este sentido, con eterna gratitud por haber sido esclarecidos, renovados y curados de nuestra ceguera, que nos dedicamos a ayudar a tantos otros que nos suceden en los errores, sin que en nuestro corazón quepan resentimientos, rencor, odios ni deseos de venganza, pues tanto cuanto ellos hoy se debaten en la competición ardiente y dolorosa, nosotros también fuimos culpados.

En este momento, lo que invade nuestro ser es la compasión y el deseo de servir. Aunque no sepamos como hacerlo, ofrecemos nuestras manos al Creador y le suplicamos que nos enseñe a ayudar, a servir y amar al prójimo.

Poco a poco, recibiendo la Misericordiosa Elucidación del Creador vamos comprendiendo qué debemos realizar, dónde realizarlo y cómo hacerlo.

Durante la caminata que juntos hicimos como familia espiritual cometimos muchos errores; y se agrupan alrededor vuestro, y por ende nuestro también, aquellos hermanos que desviamos del Amor de Dios, por nuestras palabras y acciones. Ahora, ya sosteniendo el deseo sincero de progreso, el Padre Bondadoso y Justo nos permite reencontrarlos, ofreciéndonos la oportunidad de deshacer los errores del pasado, reajustándonos ante la Ley. Rescatando a los hermanos que se encuentran perdidos, y ayudando a cualquier criatura que llegue suplicando socorro, ya sea en el mundo físico -entre el público que escucha vuestras charlas-, ya sea en el espiritual -en los trabajos mediúnicos-, todos los que llegan hasta vosotros son conocidos de otras vidas.

Margarida - ¿Y los médiuns que llegan, Hermano, y que estamos seguros de que forman parte de la misma familia espiritual. Por qué esas personas nos abandonan? Algunos salen y nunca más regresan, otros ni siquiera se despiden.

Kardec - Son aquellos a los que nos referimos, que iniciaron la travesía por el puente del amor, erigido por la fuerza del Creador y que conduce a los seres de las tinieblas a la luz; pero que no soportaron el peso de la culpa ante los esclarecimientos y elucidaciones iniciales, y se lanzaron al vacío del precipicio, abandonando el camino y saltando del puente. El miedo, la culpa y otros sentimientos les arrastran, pues aún no son capaces de encontrar en su fuerza interior la humildad suficiente como para reconocer sus errores ante el Creador. Principalmente, reconocer la transitoriedad de la vida y la Misericordia Inmensa del Padre Amado. No saben que, sobre el puente, erguido por la bondad divina, serían sustentados, a pesar de encontrarse sumergidos en las tinieblas de su propia debilidad, estarían protegidos hasta el momento en el que pudieran reiniciar la travesía y avanzar hacia la luz; tan sólo si enfrentaran con gallardía los errores del pasado, superando las deficiencias e irguiendo las virtudes que superarían las flaquezas del alma.

Pero hermana, en este momento sólo podemos ayudarles con nuestras oraciones, pues sus mentes cristalizadas por ellos mismos, han roto el duro cristal para recibir los efluvios del amor que emanan del Padre hacia todas partes.

Margarida - Hemos rezado por ellos, por la oportunidad que están perdiendo...

Kardec - Que la nostalgia, la ternura y la piedad se conviertan en oración, y las oraciones, ciertamente guiadas por la Bondad del Creador mediante los seres situados en franjas vibratorias superiores a la nuestra, envolverán como materia prima fluídica a estos hermanos, creando una esfera de protección para que no caigan más, y para que despierten a un nuevo comienzo en la travesía del puente del progreso.

Margarida - Que así sea.

Kardec - Paz y bondad entre los hombres. Que Jesús nos bendiga a todos.

Margarida - Gracias Hermano, por tu visita amiga.

Allan Kardec

GESH - 27/02/2010 - Psicofonía - Vitória, ES - Brasil

Videncia - Mientras el Hermano hablaba, vi un puente que conectaba las dos orillas de un río. En una orilla estaba la oscuridad, muchos espíritus caminaban sin rumbo, de un lado para otro.

En cierto momento, algunos empezaron a subir el puente, algunos vacilantes, otros más decididos. A medida que caminaban, la oscuridad iba disminuyendo gradualmente, y al llegar a la mitad del puente más o menos, la claridad ya era mayor. Algunos espíritus quedaban aturdidos con la fuerza de la luz, entraban en contacto con su realidad interior y no soportaban lo que veían, la culpa los dominaba y saltaban del puente. Otros, volvían rodando puente abajo, hasta las regiones más oscuras o sombreadas; no obstante, unos pocos seguían adelante y se encontraban con amigos espirituales que les esperaban en el lado iluminado del puente.

Fluctuando alrededor del puente, los Guías e Instructores Espirituales intentaban intuir, incentivar y animar a los hermanos en su travesía.




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