Los pájaros alegres entonan cánticos de alabanza al Supremo Creador.
Las flores desprenden humildemente su perfume suave en dádiva de amor a la sublime existencia.
Las aguas de los arroyos lloran lágrimas de gratitud y se ofrecen a la Divina Creación.
¿Por qué no alaban a Aquel que habita en ustedes?
¿Por qué se olvidaron de su orígen? ¿Por qué no se rinden humildes a la Luz Creadora?
No comprenden aún que son partícipes de la creación ¿olvidaron su Centella Luminosa?
Cuando sus corazones estuvieran liberados de todo apego, entonces recordarán.
Habrá, entonces, oportunidad para apreciar las sublimes gracias que les rodean. Sentirán el suave perfume de las flores, oirán el cantar de los pájaros, sentirán el sublime cariño del rocío tocarles el rostro. Habrán entonces encontrado la llave para su gran tesoro, su transformación interior. Habrán comprendido que hacen parte integrante de este bello escenario ofrecido por el Padre y que son también bellos y luminosos en esencia. Alcanzarán finalmente la consciencia sublime de los motivos profundos de su entrada al mundo material.
Isabel, 04/98