Hubo un tiempo en Galilea en que multitudes se juntaban para oir las disertaciones de un Hombre que, en aquel tiempo, era amado por muchos, odiado por algunos y temidos por otros. El jóven traía esperanzas y consuelo a los corazones que, como ustedes en estos tiempos, los tenían oprimidos por las injusticias y abusos de poder y autoridad. Hablaba de amor y de un Reino de Luz donde sólo los puros de corazón podrían entrar. Llamaba hacia así la atención de un pueblo y convirtió pecadores, quitó la venda a los ciegos y abrió los oídos a sordos haciéndoles creer que la vida en estos parajes terrestres es pasajera y que los tesoros de los césares no entran al Reino de Dios.
Era el Rey de la Dulzura, Cariño y Paz. Cordero que sería inmolado como ejemplo y que su sangre derramada lavaría los pecados de los inocentes.
Hoy, este Ser retorna hacia ustedes con un llamado hacia la renovación espiritual, y como en aquellos tiempos incita a los pequeñines a la esperanza y la Paz.
A pesar de haber pasado dos mil años las injusticias sociales continúan.
Hijos queridos, el alerta del Farol de Luz avisa a todos que la montaña de oscuridad se desmoronará y que el Reino Celeste se revelará atrayendo a los que comulgaran con el pensamiento Cristiano del Amor.
Sólo existe un camino por recorrer, y éste es estrecho y espinoso para que pueden en las dificultades encontradas pulir el diamante, su corazón, y tornarlo en una joya preciosa y rara para ser ofrecida con pureza al Señor Dios, Nuestro Padre.
Que la Paz del Señor esté con ustedes!
Paulo, el 11/05/01
GESH, Vitória (ES), Brasil