Caminé sobre la Tierra, en la antigua India, mis últimos pasos como hombre. Ciego, busqué en la fortuna y en la pobreza, en la abundancia y en la penuria, las respuestas iluminadas que saciasen la sed de progreso que atormentaba mi alma.
Mucho fue el tiempo perdido entre lecciones reencarnatorias repetidas, y acabé por crear el vacío, que en aquella existencia me impulsó a la búsqueda ininterrumpida por respuestas.
Peregriné por diversos caminos, me encontré con todo tipo de hermanos, pero en nada ni en nadie estaba la solución al problema existencial que consumía mi fuerza interior.
Fue entonces, ya desgastado por las innumerables tentativas frustradas, cansado y roto, cuando simplemente me entregué a la sublime aunque aún frágil noción de Dios que poseía. En ese momento, Su Luz iluminó mi mónada limpia de los escombros que ya había retirado durante mi peregrinaje y Su Presencia llenó el vacío sin fin que me consumía.
Pleno de fuerza, abastecido por las energías más puras, se conectaron los canales de energía a los chakras y se expandió la consciencia en explosiones iluminadas que elevaron mi ser a dimensiones que desconocía.
Involuntariamente, en aquel momento tuve acceso a fuentes puras de conocimiento y amor nutriendo al alma imperfecta de los más elevados patrones vibratorios.
Me demoré en la absorción de las energías que equilibran, consolidando definitivamente la certeza de querer habitar las esferas que conocí y a las que llamé la Casa de Dios.
Al final, tras la experiencia, cuando volví al cuerpo, ya no era yo, sino Dios que se manifestaba en mí, y me convertí en un simple servidor de Su Voluntad, cuyo pago por los servicios prestados es el reabastecimiento constante de las fuerzas luminosas y vigorizantes que nos sustentan.
En cada etapa, una labor. En cada labor, un aprendizaje. En cada lección aprendida, una nueva etapa y más trabajo.
Aún no me he desvinculado del Planeta Amigo, escenario exuberante del camino de la iluminación alcanzada. A él le debo acciones de gratitud por el tiempo en que me acogió en su regazo, gestando la angelitud del hombre que fue en transformación.
Hasta que se cumpla su ciclo de cambios, estaré trabajando para que también él trascienda el aspecto material de la vida y se sitúe permanentemente como lugar de regeneración.
A todos los habitantes de la Tierra, nuestros deseos de progreso y paz en este tiempo de transición.
Buda
GESH - 08/10/2011 - Vitória, ES - Brasil