Se demora el ser humano terreno por valorar aquello que vé.
Si ellos pudieran distinguir la luz que se les acerca y les conduce bondadosamente, entonces no temerían.
Sigan estas instrucciones: que sus mentes tengan fe y su espíritu tenga la fuerza para apoyarla y todo les será concedido según su merecimiento.
La fe es para el ser humano encarnado como el timón de un barco; le permite cambiar de dirección en el mar bravío y conducir con seguridad a sus tripulantes en medio de la tempestad.
Levanten los timones de sus vidas y todos serán hombres de fe.
Hermano Francisco, el 11/09/01
GESH, Vitória(ES), Brasil