Médium - D. Margarida pidió al espíritu de Juan Evangelista que, si fuera posible, confirmase o no las tres encarnaciones como Samuel, Juan Evangelista y Nostradamus.
Y Él respondió:
Un mismo espíritu viste millares de indumentarias carnales, cuantas sean necesarias para su progreso en dicho planeta, o hasta donde las Leyes del Progreso lo permitan.
Como el Profeta Samuel, investido del don profético, conociendo las Leyes de Dios interpretadas para la época en la que vivía, fui capaz de tener visiones, pero con una comprensión limitada de ellas, pues el pueblo de la época se dejaba llevar más por la superstición que por la fe en el Creador.
Como Juan Evangelista, mi espíritu ya había alcanzado un esclarecimiento mayor y la percepción de las Leyes estaban más claras en su mente.
Esta fue la encarnación de oro, pues la convivencia con el Divino Amigo trajo un nuevo impulso de progreso para nuestra alma, en la cual mi ser absorbió una gran carga de energía superior, transformada en fe renovadora.
Como Nostradamus, descendimos para restaurar la fe de algunos compañeros de la gran familia espiritual, y consagrar al mundo las profecías del futuro de la humanidad.
Tres encarnaciones con "poderes proféticos" marcan mi jornada sobre la Tierra; no obstante, en miles de otras fui anónimo, y así seguiré siendo, pues soy apenas un hijo más de Dios, hermano de todos vosotros.
Sigamos con Jesús en la práctica del amor, liberando almas, convirtiéndonos en: "Pescadores de almas", como Él denominaba a sus seguidores.
En el desarrollo de la evolución, las criaturas encuentran oscuridad. Sucumbir o elevarse es la trayectoria de las almas en sus elecciones, en el uso de su libre albedrío.
Por encima de la oscuridad paira el sol, calentando y manteniendo la vida.
En el corazón y en la mente nace el deseo de buscar la Luz o permanecer en las Tinieblas.
Los carros de fuego se aproximan;
Bolas de fuego caen desde el cielo;
Las plantaciones ya queman en el campo;
Las aguas aumentan de volumen, agigantándose sobre las ciudades;
Las fieras ya dominan a los hombres, que ya no se reconocen como hermanos, padres e hijos.
La Bestia del Apocalipsis vierte la copa de fuego sobre los hombres incrédulos, que aceptan el liquido flameante y reniegan de la copa de luz que promueve el progreso.
En el cielo y en la tierra se escucha el clamor de los hombres, pues la paz y el amor fueron barridos de su corazón.
Se agota el tiempo y la humanidad continúa bajo el engaño.
Samuel
Juan Evangelista
Nostradamus
GESH - 03/11/2009 - Fernando de Noronha, PE - Brasil