Manos amigas me ofrecieron ayuda.
Ese es el último recuerdo que traigo vivo en la memoria. Mis dolores eran tantos y tan fuertes que no me lo pensé dos veces: me lancé en su dirección, como un hijo se lanza a los brazos de su padre o de su madre.
Entre flashes de luz que se alternaban con la oscuridad, vi lo que me pareció que era un hospital. Entonces pensé, en medio de la confusión que me dominaba, que estaba a salvo.
A pesar de estar sometido a un tratamiento prolongado, innumerables veces intenté domar los pensamientos sin éxito.
Las palabras no me salían. Los ojos me daban vueltas. Los brazos y piernas no me obedecían.
No sé cuánto tiempo pasó, pero con la ayuda de los enfermeros, poco a poco estoy reconstruyendo mi historia. Me llamo Manuel, me suicidé a los 24 años pegándome un tiro en la cabeza. Por eso me falla la memoria y poco a poco estoy reconstruyendo el rompecabezas de mi propia vida.
Ese trabajo me ha enseñado que la vida se destruye rápido; pero el reajuste, el reinicio es difícil, demorado y doloroso.
Tengo la certeza de que voy a conseguir recordar toda mi historia; pero mientras llega ese día, voy viviendo, agradecido a Dios por aquellas manos que se ofrecieron a ayudarme y que representaron la puerta de entrada a una "nueva vida", ya que solté la "vieja vida" que llevaba.
Acto que me lanzó al dolor y al sufrimiento.
Manuel
GESJ - 24/07/2012 - Reunión Pública - Vitória, ES - Brasil