Hermanos amados,
¡Salve la Fuerza de la Luz! ¡Salve el Amor de Dios que nos reunió en esta hora!
Las mentes perturbadas se yerguen atentas, pues presienten el peligro inminente. Sin embargo, con los desequilibrios orgánicos practicados durante años por os desvaríos e insensatez, no alcanzan las bendiciones que recaen sobre ellos, como las boyas salva vidas lanzadas a los náufragos, que luchan por sobrevivir en el mar agitado.
Sin coherencia con las "leyes morales de la vida", su manera de vivir no los permite percibir que se han convertido en presa de peligrosas criaturas, cuyo propósito es avanzar sobre los seres humanos, robando sus preciosas cargas de fluido vital.
Vacíos de los sentimientos elevados enseñados por Cristo, los seres humanos transitan por las calles de la vida material, volcados apenas en la satisfacción de sus deseos y necesidades carnales, olvidándose del espíritu inmortal.
Se colocan en esa labor, sordos a los incesantes llamados enviados por los Trabajadores de la Luz.
Algunos, cuando se sienten asustados por grandes acontecimientos que afectan la vida en el plano físico, parecen despertar del largo sueño, y aturdidos, buscan un camino para huir de la situación, sin conseguir conciliar las ideas en el sentido de escapar.
La desesperación domina a muchos. La tristeza a muchos asola. El miedo paraliza a otros tantos.
Para todos los que se encuentran sin la preparación requerida para actuar en la hora de horrores y sufrimiento, solamente el amor de Jesús es capaz de lograr el equilibrio mental. Lo que "esta fuerza", Jesús, no pueda transformar, nadie más lo hará.
Por lo tanto hermanos, cuando os falte coraje, la Fuerza, la determinación o el discernimiento, amaos los unos a los otros, y mediante el amor abriréis el Portal de Luz, que os permitirá alzar el vuelo hacia dimensiones de paz y de ventura.
Que el Bondadoso Jesús os ampare y guíe siempre vuestros pasos, como lo ha hecho con nosotros.
Juan Bautista
GESH - 08/03/2013 - Vitória, ES - Brasil
Videncia - Desde el inicio del mensaje sentí fuertemente la presencia de Nefertiti, incluso pensé que se iba a comunicar. Al final, vi a Nefertiti con Isabel, madre de Juan Bautista. Ella conoció a Jesús en aquella encarnación.