Mis queridos hermanos.
La dádiva del Señor es eterna y Él les ofrece el altar de la consagración para que puedan analizar su propia existencia. En el silencio de la noche digan: Gracias Señor, encaminamos a millares de almas hacia el encuentro de Tu Luz.
La Paz persistente deberá conducirles al silencio de este diálogo sincero y franco con el Padre.
Con el transcurrir de las horas, el gran momento no tarda y la humanidad se curvará ante la Voz del Señor.
Manténganse alertas! Sus cuerpos resienten la lidia diaria y nocturna, pero lo superarán.
Unión, calma y prudencia.
Nicodemus, el 23/03/01
GESH, Vitória (ES), Brasil