En el influjo amoroso del Amor de Dios todos los dolores cesan, las llagas se cierran y la esperanza brilla en el horizonte futuro de la criatura humana.
Inmersos en el mar de las vibraciones superiores, reconocemos nuestra identidad primera, la de hijos de Dios, y nos vemos como hermanos; lejos del amor no hay entendimiento, socorro ni caridad.
El conocimiento guía nuestros pasos en la dirección del progreso, pero es el amor el que nos enseña a extender la mano en dirección al sufrimiento, porque solo habrá felicidad en un mundo donde sus habitantes abolan el reinado del sufrimiento.
Servir es amar.
Amaos los unos a los otros, como Jesús nos enseñó y todo seguirá el influjo del Amor de Dios.
Jesús con nosotros.
Chico Xavier
GESJ - 12/11/2013 - Vitória, ES - Brasil