¡Hermanos, la paz esté en nuestros corazones!
Nos sentimos muy agraciados con la presencia del Maestro Jesús. Sencillo, Humilde, Puro Amor, Él camina entre nosotros como si fuese uno de nosotros.
La humildad de ese Espíritu es tan grande que se hizo presente como uno más de nosotros, aún pequeño, candidato al progreso. Vino a nosotros para recordarnos las Sublimes Lecciones que sembró.
Ya en aquel tiempo, el Abnegado Hermanos se presentó entre los humanos, conocedor de nuestras necesidades, que son muchas. Incluso siendo inmolado, incomprendido y asesinado, regresó y nos ofreció su Mano.
Por Su determinación, levantó el velo de la ignorancia y "conocimientos milenarios" han sido distribuidos entre nosotros, para el bien y el progreso de nuestra humanidad.
Sus Lecciones son una simple invitación a amar a Dios, amar al prójimo y perdonar las ofensas. No obstante, enraizados en la animalidad que perdura en el dominio de nuestra alma, encontramos grandes dificultades para seguirle.
No son externos los obstáculos que se nos interponen. Son fruto de la larga cosecha que hacemos y de las resistencias que cultivamos en el interior de nuestro ser, donde todo comienza: los buenos y malos momentos que experimentamos.
Dominar el orgullo, el egoísmo, la vanidad, la pereza y tantas otras dolencias del alma, sólo parece cosa fácil para los que escogieron vivir en la superficie de la vida.
Para los que escogieron vivir con Jesús lo indispensable es la fe, pues habiendo olvidado nuestro pasado, ciegos por las ilusiones de Mundo, solamente la fe puede guiarnos por el camino estrecho, sin que nos desviemos, ni a la derecha ni a la izquierda.
Un corazón renovado es una fuente de luz encendida en la Tierra; y luz es calor que caldea, faro que guía y esperanza que enternece a los hombres.
Aquellos que se han decidido por la diestra de Cristo, que sigan confiados, inmersos en la fe más límpida, de manos dadas, pues Jesús está entre nosotros.
Juan Bautista
GESH - 03/01/2014 - Vitória, ES - Brasil