¡Hijos tan amados!
¡Hermanos benditos!
Yo os guie hasta aquí.
No sería necesario tanto dolor ni tantas dificultades si vuestra humanidad ya hubiese reflexionado sobre su manera de actuar, sobre las palabras que hace tanto os dejé.
Nuevamente con el corazón compungido, veo esta humanidad caminando y caminando en dirección al abismo.
¿Acaso os ha faltado hasta hoy alguna providencia para suplir vuestras necesidades?
¿Acaso el Padre, que es Nuestro Padre, dejó que os faltara cualquiera que fuese vuestra carencia?
Constantemente, queridos y amados hijos de Mi Padre, estáis deseando demasiado, y este es el pensamiento que guía vuestros pasos en dirección al sufrimiento, en dirección al caos, al dolor.
Abandonad esta manera de actuar.
Dejad a un lado el deseo constante de posesión.
Observad a vuestro alrededor. ¿No tienen todos los seres aquello que necesitan? ¿No cumplen todos los seres con su papel, favoreciendo a la humanidad terrestre las condiciones necesarias para el desarrollo de sus cuerpos materiales? ¿Por qué no vosotros, que sois, para el momento de este Planeta, los seres de mayor evolución? Aunque vuestro paso no se vea interrumpido por propia voluntad, este se verá interrumpido por Aquel que desde lo Alto, en toda Su Omnipotencia, en toda Su Sabiduría, os ampara. Aquello que deba caer sobre la humanidad terrestre llegará, no como castigo, como muchos piensan, sino como medida de socorro para una humanidad infantil, que como un niño incauto, se encamina en dirección al despeñadero.
Cuando suenen las trompetas y el dolor se esparza por todo vuestro Planeta, acordaos de estas palabras y seguid la Luz que próxima a vosotros estará indicándoos e camino: "El camino del cambio"! Mudar es necesario.
A muchos les escucho decir Mi Nombre, pero en pocos veo vivir Mis Palabras.
Llamarme para que esté con vosotros no es suficiente para que os fortalezcáis en a Luz, sin embargo actuar, como Yo actué; esa es la única y verdadera posibilidad de elevaros hasta Nosotros.
Llevad Mi Mensaje hasta los hombres y jamás os olvidéis de que Yo Estuve todo el tiempo aquí, esperando por vosotros, y así estaré.
Aunque paséis por todas las dificultades para decir a los hombres que habéis estado reunidos Conmigo, seguid adelante con coraje y perseverancia, como habéis hecho esta tarde!
Un nuevo encuentro tendremos en el futuro, donde la Luz saldrá victoriosa, pues Nos guía la Fuerza más Poderosa del Universo.
Mis hermanos, pequeños hermanos, quedaos en Paz.
Os dejo Mi Amor, que Él pueda curaros las heridas, calmaros todo el dolor.
Margarida - Padre Querido, no sé si me estoy pasando, pero humildemente me gustaría preguntar. Si no es posible responderme ahora, lo entenderé. ¿La fase de sufrimiento más intensa para la humanidad comenzará este año?
Sananda - ¿No está viviendo la humanidad dolor suficiente? Para Mí, vuestra humanidad ya lo está viviendo: es la ausencia de Luz y de Amor. Lo que vendrá apenas será el remedio para curar toda esa llaga abierta por el orgullo y el egoísmo de los hombres.
M - ¿Padre Amado, el remedio amargo está muy próximo a ser ingerido?
Sananda - Cada día se acerca más el momento en el que ya no será permitido el "apogeo de las Fuerzas contrarias a la Luz". Estas aún están teniendo su oportunidad mientras preparamos a gran parte de vuestro pueblo para su salvamento.
¡Os dejo la Paz!
Que la Luz os guíe.
Sananda
(Nombre cósmico de Jesús)
GER - 06/09/1998 - Chapada dos Guimarães, Topo do Morro de São Jerônimo, MT - Brasil
Nota: Tras haber leído este mensaje al público de nuestro GESJ, me acordé de unas palabras del Tierno Rabí de Galilea. Creo, con certeza, que no todos los presentes creerán en el mensaje. Fue como si "alguien" me dijera: transcribe para que reciban estas palabras de Jesús. Y yo, que estaba en la oración final, cerrando las tareas de la noche, interrumpí la oración y hablé:
- Jesús, cuando estuvo entre nosotros hace 2.000 años atrás nos dijo: "Cuando dos o más personas se reúnan en nombre de Mi Padre, allí estaré presente." Éramos cinco mujeres. "Quien tenga ojos para ver, que vea..."
Obs: Mensaje contenida en la Divulgación nº 16