Mis hermanos
De nada sirven los subterfugios. Nadie consigue esquivar las leyes.
Cuando estábamos encarnados en la Tierra solíamos disculpar nuestras flaquezas, aproximándonos a filosofías que las justificasen, incluso a través de conceptos erróneos, íntimamente conocidos, pero que pueden esconder a los ojos físicos nuestras más dolorosas heridas.
Pero cuando se deja el cuerpo de carne, pasando por la fría losa que guarda la veste que se decompone, la realidad se nos muestra a todos tal cual somos, sin que consigamos, por más que lo intentemos, esconder nuestras faltas, pues en la realidad cada uno se ve a sí mismo, obligándonos a reconocer que somos exactamente aquel que no queríamos admitir.
La realidad de la vida tras la muerte sorprende, libera, atormenta o martiriza, dependiendo de lo que el individuo tenga para presentar en materia de comportamiento moral, renuncia, trabajo y sacrificio emprendido en la jornada física.
Sorprende, en la medida en la que uno no se haya preparado y se encuentra con un bando de criaturas que nunca se han preocupado con la grandiosidad de la vida y su continuidad del Más Allá.
Liberta a las almas resignadas, que con dignidad has sufrido en este mundo de pruebas, aproximándose a los planos celestiales, devolviendo la esperanza cobijada en el interior de cada uno.
Atormenta porque el infierno es creado en la negación insistente de Dios, Creador de todas las cosas, teniendo la nada como ideología mayor, que lanza al espíritu al vacío de la Nada, en una caída vertiginosa de duración indefinida, hasta que, llegado el momento adecuado le llegue el socorro del Padre, tantas veces negado.
En fin, martiriza, porque la violencia y el crímen sólo se quedan impunes ante las fallidas Leyes Humanas, pero nunca ante la Ley Divina. Y mientras en la Tierra existan insaciables colaboradores de la obra del mal, en contrapartida, habrá en los alrededores verdaderos infiernos morales, dejando a sus víctimas en terrible sufrimiento, para que se rediman los culpables en el martirio de la aflicción indefinida.
Por tanto hermanos, vivid con Jesús, pues sólo el Maestro muestra con Sus Enseñanzas Sublimes, el Camino de la Redención abierto a cualquiera de nosotros, que quiera sinceramente seguir Sus Pasos.
Tomemos por tanto nuestra cruz y sigamos en Paz.
Josué
GER/GESH - 16/05/1985 - Vitória, ES - Brasil