La mujer encierra en su condición la límpida copa de cristal, receptáculo de las más puras vibraciones que emanan del Amor de Cristo.
Su única y delicada tarea debe ser la de mantener limpia la copa del cuerpo físico, para acoger la savia de la vida y convertirse en "portal de luz" para la travesía de los hermanos que carecen del envoltorio transitorio del cuerpo de carne, para la noble experiencia de la reencarnación.
Apegadas en demasía a las sensaciones corpóreas, luchan salvajemente para garantizar su felicidad, colocándola en los transitorios valores de la belleza corporal y el desarrollo del intelecto.
En los días de hoy se desprecia aquella mujer dedicada y buena, que cuida y alimenta a su prole, como si no fuese esa la exacta tarea del sexo femenino en el contexto de la Creación.
Elevarse significa comprender, y comprender implica cambiar. Las mujeres que aman debían servir, prestando su cuerpo para el nacimiento de los hermanos, que en otras condiciones aceptaron traer a la vida.
La caridad no es dar al otro lo que le sobra, sino aceptar y servir de acuerdo a la Voluntad del Creador, ajustando nuestro pensar a las Leyes que rigen la vida.
Yo tuve belleza y fortuna, pero las rechacé en favor de embellecer el alma y enriquecer el espíritu. Junto al Hermano Francisco utilicé mis fuerzas para el feliz aprendizaje de la caridad fraterna.
Hoy, servimos aún al Maestro Jesús, lado a lado, amando y trabajando, perdonando y sirviendo como Él enseñó.
Su Presencia es la Luz que guía nuestros pasos y nosotros somos Sus simples aprendices.
Clara de Asís
GESH - 25/03/2014 - Vitória, ES - Brasil