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En aquella Encarnación Clave

06/08/2014

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Los que sientan en su corazón la fuerza que impulsa a servir, que empiecen a hacerlo, pues es la Voz del Maestro que le habla a vuestros corazones, invitándoos a dar testimonio como Siervos de Jesús.

Hermanas, necesité ser duramente probado para que, a través del dolor y el desprecio por parte de mi pueblo, la fe latente en mi corazón saliese en forma de palabras, para atender la llamada del Maestro en el Camino de Damasco.

Ciego, sentí Sus palabras en mi corazón; y después, cuando fui curado por el eremita, transmití esas palabras al gentío, porque allí había "buenas semillas" a la espera del cultivo de un agricultor, para poder germinar más tarde.

No fue fácil dejarlo todo y Seguirle.

Para poder dar mi testimonio sufrí en las prisiones, fui azotado, apedreado, mofado y despreciado. Para mí eso fue necesario, pues como espíritu endeudado, las duras pruebas fueron mi liberación en aquella Encarnación Clave.

Hoy, los que hablan con sinceridad en el nombre de Jesús, también sufren su prisión, sólo que ahora los ataques son verbales y son censurados. Sufren el azote de las lenguas viperinas que cortan el alma.

Hermanos, nada se compara a lo que el Ángel pasó en la Tierra.

Allí no había un espíritu exiliado, sufridor ni rebelde, sino un Ángel lleno de mansedumbre, bondad y sabiduría.

Por lo tanto, se pierde el cuerpo carnal y el sufrimiento marca, sin embargo el espíritu libre vivifica y regresa a la Casa del Padre brillante y victorioso porque ha sabido atravesar el fango sin contaminarse.

Sed, todos vosotros, Apóstoles de Cristo, discípulos de Jesús; trabajad en Su Nombre por la Tierra, Casa que alberga y socorre a todos los que sufren.

Actuar y amar como hermanos, es lo que os pide el Maestro.

Paulo de Tarso

GESH - 17/05/2014 - Vitória, ES - Brasil




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