Padre Amado, pedimos piedad por Tus hijos que sufren los momentos finales de la Tierra.
Pedimos por aquellos que debido a la ignorancia espiritual, prefieren la vida fácil, la puerta ancha, creyendo ser dueños y señores de su destino.
Pedimos por aquellos que se satisfacen a costa del sacrificio del pueblo necesitado, abandonado, al que se le ha robado la dignidad de la vida, en el que la madre desesperada se lanza a la vida profana para alimentar a su prole, y el padre, al ver el hambre en el cuerpo de sus hijos, comete el acto insano del robo y de la ganancia por medios oscuros.
A los indiferentes ante al sufrimiento del pueblo, que les fue confiando, por la Providencia Divina, para guiar en las lides terrenas; a estos les decimos: más vale la honra impoluta, aunque sea con menos rendimientos, a tener todo el oro bañado por las lágrimas del hermano abandonado.
Padre, ten piedad de las manos que cesan la vida por valores monetarios, pues estos valores cimientan el corazón, congelan las emociones y ciegan los ojos que no ven ni se sensibilizan con el sufrimiento del nasciturus, que en el silencio del corazón, grita haciendo eco en el espacio: ¡"Dejadme vivir"!
Padre, piedad con aquellos que burlan Tus Leyes al imponer al prójimo la pérdida de la libertad, duramente conquistada en el pasado, con sudor, sangre y lágrimas. La esclavitud aún se practica en las naciones que dicen ser avanzadas.
Y también pedimos piedad, Padre, por los "Hermanos de las Sombras", que arrastran su odio, venganza, dolor y resentimiento, a costa de su felicidad y de la cura de las llagas que laceran el cuerpo durante años, siglos, incluso milenios.
Padre, a nuestros hermanos, Tus hijos que embarcarán hacia el exilio en una nueva vida, con otro ropaje para iniciar nuevas historias, que consigan, en algún momento de su futuro camino a recorrer, cambiar el curso de su descenso. Cuando retomen la caminata, que vean Tu Luz, sientan Tu Amor y beban del agua pura de Tu Sabiduría.
Que una vez tocados, no regresen a los antros de dolor y expiación que los hicieron caer y sufrir la amargura de la separación de aquellos que, hace mucho los esperan, para poder agarrar su mano y unir el corazón en una sola voz, diciendo: "Gracias Señor! Por las oportunidades que me fueron dadas para evolucionar y progresar, y en Tu Nombre digo: Hosanas en las alturas porque Dios está con nosotros"!
Antonio de Pádua
GESH - 28/03/2014 - Vitória, ES - Brasil