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Donde hay Vida, Dios está Presente

25/08/2014

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¡Paz y bondad entre los hombres!

Donde hay vida, Dios allí se encuentra, pues Él es Vida.

"El Soplo de la Creación" es la expresión que traduce la existencia del Creador, pues incluso antes del soplo, Él ya es, y de Su Existencia nace todo lo demás.

En vano intentan explicar la existencia de Dios, sin éxito intentan aprisionar Su Esencia entre los entre los muros de los templos; sin embargo, es cultivando la vida en todas sus expresiones como se puede venerar y amar a Dios.

Entonces podréis preguntar: ¿Pero cómo se puede cultivar la vida? Y yo os diré: así como se cultiva la planta que nos sirve de alimento.

Es necesario arar la tierra, prepararla para la siembra. En la vida, ese es el papel del "dolor" amigo, que con sus láminas afiladas como las de un arado, surcan el terreno duro de nuestros corazones, preparándolo para recibir las semillas.

Cada semilla escogida dará un fruto; ¿Cómo saber si la semilla es buena o mala? Basta con recurrir a las Enseñanzas del Divino Agricultor, que hizo del Mundo el granero de Sus palabras, pensamientos y acciones. Plantando Sus Semillas, conoceremos los frutos que vendrán, aunque el hermano tiempo pase en su lento vagar.

Una vez sembrado el Evangelio de Jesús en el corazón humano, para crecer robusto, necesita periódicamente de abono y agua.

Como "abono" recomendamos el trabajo que asiste al prójimo sin exigir reconocimiento, recompensas ni consideración; como el "agua" que quita la sed de la ignorancia del alma, sugerimos el estudio de los conocimientos legados por innumerables seres humanos, cada cual aportando su parcela de contribución en la gran Fuente del Mundo.

Por último, todo trabajo precisa ser cuidado, factor indispensable para el florecimiento abundante. Cuidado que se expresa en a observación del desarrollo de cada semilla lanzada en el terreno del corazón. Junto a estas, otras semillas indeseables, pero también presentes en el terreno, podrían germinar. Es necesario el cuidado constante y la limpieza permanente, para que las semillas malas no germinen en medio de las buenas.

El corazón arado, sembrado y cuidado, traerá a su jardinero el perfume de las flores, la belleza de los colores y los agradables sabores de los frutos, que a todos permitirán comprender, observando la vida que despierta en el interior del ser, la Presencia de Dios.

Como el Sol que caldea la Tierra permitiendo el milagro de la fotosíntesis, Él es el factor esencial, a través del cual nuestro corazón se calienta, permitiendo el despertar de la vida.

Pasarán aún siglos hasta que la humanidad pueda comprenderle integralmente, pues esta aún se encuentra en una etapa de reconocimiento de la existencia de Dios, y esta debe ser demostrada bajo la forma de reverencia y gratitud a todas las formas de vida, pues donde hay vida, Dios está Presente.

 

Francisco de Asís

GESH - 03/05/2014 - Vitória, ES - Brasil




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