¡Mis queridos hermanos!
La dádiva del Señor es eterna y Él les ofrece el Altar de la Consagración para que puedan analizar su existencia. En el silencio de la noche digan: ¡Gracias Señor! Encaminamos miles de almas al encuentro de Tu Luz.
La paz perene deberá conducirles al silencio y éste al diálogo sincero y franco con el Padre.
Con el transcurso de las horas, el gran instante no tarda y la humanidad se curvará frente a la Voz del Señor.
¡Estén alertas! Sus cuerpos resienten la lidia diaria y nocturna, pero nada que no pueda ser superado.
¡Unión, Calma y Prudencia!
Nicodemus
GESH - 23/03/2001 - Vitória, ES – Brasil