Hermanos, que la paz de Jesús esté con nosotros.
La reencarnación es uno de los conceptos más importantes a ser comprendido en el proceso de la evolución humana, pues encierra en sí uno de los principios más difíciles de ser aceptado por la naturaleza inferior de los seres humanos, el principio de la autonomía.
Por el principio de la autonomía, cada hombre y cada mujer que vive en este Planeta se hace responsable por sus acciones, por lo tanto, protagonista de su felicidad o tristeza, de su salud o enfermedad, de su penuria o la abundancia que llaman a su puerta.
Por el principio de autonomía, la mente infantil se desliga de la tutela de otro y parte en dirección al entendimiento de la Fuerza Creadora, del Ser Divino Omnipresente y Omnipotente y comienza por desenvolver en sí misma los aspectos del alma, responsables de la liberación de las amarras del karma.
Aquel que acepta la reencarnación como bendición divina, que trae a su vida los beneficios convertidos en oportunidad de progreso, traduce el amor infinito, aprovechándolo como impulso transformador y de redención.
Por todo lo bello y puro que representa el principio de autonomía, concretizado en la dádiva de la reencarnación, debe ser entendido por todos los aprendices del progreso, como expresión mayor de la bondad de Dios, renovándolo de las oportunidades de corrección y elevación.
Nacer, morir, renacer una vez más, y progresar siempre, tal es la Ley.
¡Bendita sea la Ley de la Reencarnación!
Allan Kardec
GESJ - 02/09/2010 - Vitória, ES - Brasil
Nota: Extraído del Mensaje semanal 2025.