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Declaración de un ex-drogadicto

05/01/2019

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¡Salve, Maestro, que me rescató!

Hermanas, mi nombre es Carlinhos.

Tuve mi vida cosechada por una picadura de aguja, que me llevó del éxtasis a la locura absoluta. Sin olvidar nada, hoy estoy debidamente informado de que todo ocurrió en la expresión de mi libre albedrío.

Desencarné en la década de los 70, a los 18 años. Por años, padecí, pasé por torturas alucinantes en manos de traficantes de ciudades de viciados, en el astral inferior.

En aquel local, para sentirme vivo y por la falta del "polvo de la ilusión", deseaba el dolor y, a veces, me auto-mutilaba.

En la ciudad infernal de los viciados, acordé en trabajar para los traficantes que comandaban el local. Como viciado, era ciego y fiel a sus propósitos, en el ansia de recibir otra dosis.

Un día, sólo por curiosidad, pensé en mi familia y, como en un pase de magia, tuve un sueño muy nítido, con escenas de aquellos que antes me eran muy queridos. Vi a mi madre, padre, hermanos, primos, amigos. En esa hora, fue como si un cuchillo estuviese siendo enterrado en mi pecho. Fue angustiante y doloroso ver el dolor y la soledad que causé a mis amados padres.

De repente, vi varias sombras acompañando a mi hermanito, que en la época de mi desencarnación tenía 2 años. ¡Entré en pánico! Como un loco, y no sé cómo, recé, imploré. En la Ciudad infernal, me ofrecí como esclavo, pedí a los Señores que no llevasen a mi hermano a los horrores de las drogas. Ellos rieron y se burlaron mucho de mí, ofreciendo más drogas, a los mejores, decían.

Un día, en un rincón oscuro de la ciudad, muy avergonzado, recordé a Jesús y rezaba un Padrenuestro. Pedí a Dios, o a quien me pudiese ayudar, que me oyese, que hiciera lo que quisiera conmigo, pero que ayudara a mi hermanito. Asustado, vi a una señora muy bonita aproximarse a mí y preguntar si yo tendría fuerzas para salir de allí por mis propias piernas. Con mucho miedo, yo la seguí.

Admito, mis hermanos, que no fue fácil lo que pasé después de eso para mí recuperación. Dejé mucho trabajo a los amigos espirituales. Peleé, lloré e imploré por otra dosis de polvo.

Maldije, intenté huir.

Entonces, cansado y con miedo, me rendí al tratamiento.

Hoy, aquí estoy, formando parte de un equipo maravilloso que socorre a mis hermanos drogados, esclavos del vicio. Confieso que todavía tengo miedo de resbalar, pero me fortalezco con mis instructores y, principalmente, en el amor de Jesús y de todos los que me ayudan. Salgo solamente acompañado de nuestros guías. Y así, muy lentamente, me voy desvinculando de la influencia perniciosa de las drogas.

Pido a Dios, que en mi futura encarnación, que iniciaré en breve, tenga fuerzas para enfrentar los tormentos íntimos y seculares que me acompañan y, finalmente, consiga luchar por la vida.

Ahora, limpio, sé que no hay alegría mayor que estar en pleno control de la razón, haciendo parte de un trabajo edificante.

Hoy, soy feliz, porque tengo buenos amigos y la Luz del Maestro Jesús me sustenta en las horas de aflicción.

Pido al Padre un momento de paz a mis hermanos viciados y fuerza a los Ángeles del rescate.

Luz a todos.

 

Carlinhos

Ex-adicto y trabajador de la Ciudad Espiritual Siervos de Jesús, atendiendo a usuarios de drogas 

GESJ - 09/10/2018 - Vitória, ES - Brasil




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