¡Salve, Jesús, Divino Conductor de nuestras vidas!
¡Hermanos, profesar la Doctrina de los Espíritus requiere coraje! Primero, para aplicar en sí mismo los conocimientos elevados de Cristo, sembrando en el propio corazón el amor, la paz, la bondad, haciéndose verdaderamente espírita, escogiendo un camino de donación de sí mismo, sin que el orgullo, el egoísmo, o la prepotencia prevalezcan en sus ideales.
Convertirse en discípulo de Ramatis es el apogeo de aquel que viene ascendiendo lentamente la estela del progreso y, finalmente despierta a la presencia del grandioso Maestro que conduce su existencia planetaria.
Hermanos espíritas, ramatisianos, no somos poseedores de verdades exclusivas, porque nuestro Maestro universalista nos enseña a amar a todos indistintamente y a respetar las religiones del mundo, a comprender que cada ser humano tendrá su despertar en un momento diferente, y que las creencias se diversifican en múltiples existencias, hasta que consigamos consolidar nuestro conocimiento con la transformación verdadera de nuestras almas.
Por tanto, sed el discípulo verdadero, siguiendo la orientación de nuestro Maestro Ramatis y trabajemos incansablemente por la diseminación de las verdades acerca de la vida del espíritu, de la vida extraterrestre, del mundo intraterreno, de la multiplicidad de oportunidades para el alma transformarse y progresar.
La Doctrina de los Espíritus, compilada por el insigne Maestro Allan Kardec, es la “piedra fundamental” para los discípulos que deseen transformarse a la luz de la doctrina reveladora, bajo el amparo amoroso del Maestro Ramatis.
Jesús es el corolario de nuestra alma, porque sin Él nada somos, y no podemos caminar sin Su impulso amoroso.
Hermanos, la Casa Espírita es el escenario que escogemos para progresar y transformarnos como humildes siervos, trabajando de forma anónima en auxilio de los espíritus sufridores, y de forma intencionada en la divulgación de mensajes reveladores, enviados por Maestros y Seres de altísima envergadura espiritual, que desean la renovación de las almas y el despertar de las conciencias.
¡Trabajad, ¡trabajad, trabajad! Esto es lo que nos ofrece de orientación nuestro Maestro Ramatis.
Por los tanto, no abandonéis la azada, porque el cultivo necesita de manos que trabajen por la renovación de la tierra y por la diseminación de las semillas que florecerán en los campos de la Tierra.
Hercílio Maes, con vosotros.
Salve, Jesús.
Hercílio Maes
GESH – 10/12/2022 – Vitoria, ES – Brasil