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Jesús hablando a la Humanidad

19/12/2004

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Comencé a ver una fuerte luz aumentando de tamaño e intensidad. Parecía ya estar presente en el lugar, pero se estaba intensificando cada vez más, tomado forma de luz, para que yo pudiese distinguirla. Después, cuando ya estaba bien densa, de cierto punto, otros pequeños focos de luz comenzaron a individualizarse, partiendo del primero. Eran bien menores, más también brillaban.

 

La emoción que sentía era indescriptible, una mezcla de admiración, veneración y locura. Noté entonces que los focos de luz eran las proyeccciones del Maestro Jesús y Sus Apóstoles. Envuelta en la suave luz de Su Presencia, oí las siguientes palabras:

 

¡Vengan conmigo! Yo Soy la llama que una vez encendida, nunca se apaga.

 

Nadie va al Paddre sino es por mí que Soy el Amor.

 

Todo es paz en Mi Presencia y nada les puede golpear.

 

De todo lo que conocen, nada congrega mayor valor del que el Amor que por ustedes devoto.

 

Cuido de sus pasos desde que su existencia embrionaria aún se hacía en los planos más sutiles.

 

De las vidas que vivieron, en todas ellas les vine guiando.

 

Cuando erraron, cayendo en la lama pútrida, pérfido atolladero del alma, estuve a su lado aguardando pacientemente su voz clamar por Mí, cuidé para que en breve fuese el período, esfuerzo postrero, para alcanzarles más allá de las miserias mundanas.

 

Cuando por fin, decidieron caminar, seguí al frente suyo, iluminando su camino para que no cayesen nuevamente.

 

En vano fueron muchas voces el esfuerzo, pues al respecto de Nuestra Presencia, cuántas caídas sucesivas tuvieron. Y a cada una, allá estaba Yo, nuevamente, aguardándoles.

 

Ahora, con ustedes Estoy y Valiéndome de la Bondad Magnánima del Padre, les alcanzo por las palabras, que hablan directamente en sus mentes. ¿Me pueden oir?

 

Hace mucho que vengo transmitiendo Mis Enseñanzas. ¿Me vienen siguiendo?

 

Miren, pobres dolientes, y véan cuán contaminada su túnica se encuentra. En breve, serán invitados a la gran fiesta y ¿cómo habrán de comparecer portando tales vestimentas?

 

Depúrenla, confiriendo valor a aquello que realmente lo tiene. Ámense.

 

Disuelvan los odios, aparten las diferencias, cultiven la alegría para que en los reflejos de noche sombría adentren el alborecer de un Nuevo día libres de los recuerdos torpes y sin sabores de antaño.

 

Con ustedes Estuve. Con Ustedes Estoy y con ustedes Estaré.

 

Por amor a ustedes me hice presente en la carne y por amor permanezco entre ustedes.

 

Soy Todo Amor por ustedes para que sean transfomados en Puro Amor, fuente cristalina de su montaña eterna.

 

Heme aquí a su lado. Denme sus manos y sigan Conmigo, Vamos juntos en dirección a las estrellas. Ustedes son hermanos amados y por ustedes, velo siempre.

 

-En ese momento Él se dirige a lo Alto y dice:

 

Súplica de Jesús al Padre por la Humanidad

 

¡Padre! Yo les suplico por estos hombres y mujeres. Sus niños y viejos lloran. Hay dolientes del cuerpo y dolientes del alma. Se eternizan en el sufrimiento cuando el camino es todo luz.

 

Aún un poco más de tiempo le pido Señor de los mundos. Algunos pocos están por oir. Les hablo a ellos con todo amor y creo que sabrán Escucharme las palabras y entender el sentido.

 

Habrán de arrodillarse frente a Su Presencia Mayor. Para ellos, una vez más, la generosa oportunidad. ¡Oh! ¡Amor infinito!

 

En Su Presencia deposito Mi Pequeña Voluntad y a Ustedes rindo Mi Fuerza.

 

Que se cumpla, por encima de todas las cosas, Su Voluntad.

 

¡Oh! ¡Amor eterno!

 

Jesús Sananda, 13/02/2004




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