¡Salve hermanas!
¡Vengo en Paz!
Vengo a traerles mensajes de amor para que reflexionen.
Desde hace milenios nos esforzamos, sin éxito, en la dura tarea sacarles del punto en que están estancados.
Los pueblos sucumben alegando haber sido desencaminados por sus ídolos o sus gobernates.
Se olvidan que en su juramento incluyeron las razones por las cuales tantos cayeron. Las juzgan como las peores criaturas.
¡Equivocados que están! ¿Acaso algún brujo sobreviviría después de siglos de prácticas de magia negra si no fuesen alimentados por los pedidos para fácil resolución de problemas?
¿Acaso los sacerdotes celebran solos el culto demoníaco en nombre de la Tinieblas?
¿Recuerden las orgías programadas en que ningún súbdito se levantaba para protestar por el libertinaje reinante y donde muchos disfrazadamente también participaban?
Todos ustedes, mozos y mozas, jóvenes y adultos, viejos y niños, son co-responsables por la ascensión y caída de sus civilizaciones.
En tiempo alguno hubo una situación de neutralidad donde el individuo confortablemente se entregara al sabor de los placeres que lo envuelve. Toda la elección tiene un precio, inclusive la elección de la permanencia en la inercia.
Por tanto, si desean participar de su civilización, contribuyendo para su ascensión, actúen firmes en la dirección de su propósitos. No negligencien su parte del trabajo en nombre del trabajo renovador. Levanten torres de comprensión.
Abran los ojos de los que se tornaron ciegos; desbloqueen las mentes confusas; despierten del silencio ensordecedor a los cobardes que no queriendo oir el llamado de la propia consciencia están sumergidos en la alienación dominante.
En el pasado, como oportunistas llevaron vidas sin aprendizaje revestidas de equívocos y de errores. Entretanto, ya no hay más tiempo para tal cosa.
Rompan la inercia de sus cuerpos y muévanlos en la dirección de los caídos del camino.
Auxílienlos a levantarse y enseñen el camino.
Sean mansos, sin embargo, jamás sumisos a otra voluntad que no sea la del Padre.
Sean astutos, sin embargo, no malévolos a grado de ver llama donde no existe.
Sean, prudentes, con todo, libérense del miedo paralizante para que sus pasos no sean interrumpidos abruptamente.
Sean hermanos, ámense y todo se hará más por ustedes.
Pasen de la inactividad hacia el activismo cristiano.
Salgan de la inercia hacia la autonomía realizada.
Dejen el pasado, para construir el futuro en la convicción firme del presente que el Padre les concede.
¡Avancen hermanos!
Con ustedes estamos y estaremos siempre.
João Bautista, 06/03/2004