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Pétalos de Luz! - 10

22/11/1999

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Todavía en el mes de octubre de aquel año fuí llevado de nuevo al mismo lugar visitado anteriormente. Me ví en el centro del Salón Dorado frente al Altar y me dirigí hacia allá. Permanecí algunos instantes parado delante del pequeño nicho observando el movimiento suave de los anillos de oro y apreciando los destellos que se daban cuando los aros se traslapaban, permaneciendo enteramente intactos. Por motivos que no logré entender, como si la idea no partiera de mí, fui animado para colocar la mano sobre los aros. Y así lo hice. Levanté la mano e interrumpí el movimiento de los anillos.

Hoy al escribir este relato tengo clara la impresión de que fuí impulsado a hacerlo tal vez por mi Guía.

Instantáneamente sonó una sirena muy fuerte haciendo eco en el Salón como si fueran mil sirenas. Asustadísimo y sintiéndome responsable me ví de pronto frente a otro tunel tan largo que no veía su final. No lo pensé; entré confiado como quien salta al espacio abierto al frente, en oscuridad, tal vez queriendo huir del gran salón dorado que a esas alturas de los acontecimientos me atemorizaba como pesadilla.

La huída en ese segundo tunel fue rapidísima, aunque sabiendo que había recorrido una gran distancia.Un punto de luz surgió en la inmensa oscuridad. Fue aumentando paulatinamente hasta que al frente mío todo era azul intenso. Sorprendido, percibí que mitad de lo azul era un mar claro, reluciendo aquí y ahí pedazos de sol entrelazados en su superficie viva. La otra parte era un cielo azul claro, límpio e inundado de luz de la mañana.

Me dejé encantar por el azul, por la paz, como si estuviera hipnotizado, teniendo mi mirada fija en un punto en el cielo. Al poco rato fuí invadido por sensaciones muy extrañas que traducidas a la realidad son más o menos como sigue: sentí que en aquel punto del espacio en que yo tenía presa la mirada estaban Hermanos conocidos. La seguridad era algo interior, espiritual, que fuera despertado. Me encontré invadido por una nostalgia indefinible que se mezclaba con ondas de tristeza despertando un sentimiento de ternura antiguo y tal vez milenario.

Por algunos momentos quedé inmóvil sintiéndome muy pesado como si fuera de granito. Cuando conseguí bajar los ojos a tierra ví al frente mío sobre un gran pasto verde grandes estatuas de piedra enfiladas de lado y todas mirando hacia un sólo punto del espacio.

Percibí entonces que estaba en la Isla de Pascua, en medio de las monumentales esculturas como si fuera una de ellas, o mejor dicho, como si estuviera dentro de ellas mirando a través de sus ojos. Enseguida, fui retirado de esa posición antigua quedando sobrevolando la parte inclinada de la cobertura verde de la costa hacia el mar y tuve una visión panorámica de esa parte de la isla.

Todas la esculturas estaba de pie y en fila, tal vez como al principio.

Todas esas emociones maravillosas transformándose en sentimientos fuertes son difíciles de ser descritas; acontecen en segundos, son complejas y traducen mil cosas sin que se articule una palabra. Tal vez sea apenas una clave.

Las personas que se desdoblan viajando en el espacio sin cuerpo físico se sitúan en dimensiones desconocidas donde parece que todo puede suceder al mismo tiempo y de manera increíble, tan real y tan distante del diario vivir y cercano a la realidad espiritual.

Después de los eternos segundo en que bombardeado por tantas emociones y sentimientos diferentes de lo cotidiano, que sólo el espíritu tiene la capacidad de asimilar y comprender, todavía muy difíciles de ser descritos, fuí traído al lugar de reunión y no regresé más al Gran Salón subterráneo de Mato Grosso.




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