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…Y David venció a Goliat

06/11/2009

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¡Trabajadores de la Luz, guerreros de Jesús!

Estamos aquí reunidos para dar testimonio, una vez más, de la fe y el coraje que mueven la fibra interior del alma sedienta de progreso.

Muchos de vosotros están aquí reunidos por primera vez, otros aún no han empuñado la espada, pero con el corazón puro se ofrecieron para la batalla. Guerreros experimentados y aprendices habilidosos también se encuentran presentes, cada cual llevando en sus manos, mente y corazón, las armas de las que dispone, poniéndolas al servicio del Maestro Adorado.

Como Sus Siervos, arrodillados rogamos que interceda junto al Creador por nosotros, bendiciéndonos para el combate que vamos a enfrentar.

Que Su Fuerza Mayor derrame la luz y la misericordia sobre todos nosotros, para que estemos en condiciones para enfrentarnos a las Fuerzas del Mal, en Su Nombre.

Se hizo una pausa y se produjo un profundo silencio, seguido por una explosión de luz. Fuegos artificiales de colores explotaron en el aire, derramando chispas sobre todo el grupo de espíritus reunidos en el astral. Era un grupo inmenso compuesto por trabajadores conocidos de nuestra Casa, de los umbandistas reunidos por Cely, Fundadora y presidenta hasta su pasaje al plano espiritual del Centro Espírita Francisco de Assis, y de personas que se están uniendo al Grupo debido a la lectura de nuestros mensajes en internet. Entre ellos pude ver brasileños y también muchos extranjeros. Había mucha gente reunida. El grupo de guerreros creció mucho, al verlo nos impresionamos.

Las chispas producidas por los fuegos eran absorbidas por nuestra piel al caer sobre nosotros. En el cielo, un águila soltaba altos silbidos cuyo sonido producía un escudo de protección en torno al grupo de guerreros. Eran silbidos sonoros, de una vibración tan alta que nuestro oído no podía oírlo, pero que hería y mantenía alejados a los seres inferiores.

Por encima del águila pairaban pequeñas Naves prisiones situadas en fila. No vi a los enemigos. El lugar estaba tranquilo y silencioso, pero escondía el desarrollo de una batalla violenta.

Juan Bautista continuó:

- ¡Hermanos, ved lo grandiosa que es la Misericordia Divina! Que el Señor nos bendiga y que Sus mensajeros nos amparen y protejan. Sigamos adelante, cumpliendo nuestra tarea, la de luchar en nombre del Amor caridad contra las "Fieras seguidoras de la Bestia". Destruiremos con la espada los hilos de fluidos que los ligan a la fuerza del Dragón, ofreciéndoles la oportunidad de recomenzar, sin el dominio del "ser perverso" (la Bestia).

Si de entre vosotros, algunos se sienten débiles, incluso después de la fuerte vibración de la Presencia Divina para prepararnos, que se alejen de la línea divisoria del campo de batalla y actúen en la retaguardia, colaborando con los trabajadores enfermeros, que han venido con nosotros para administrar los primeros auxilios a los heridos.

Los demás, que con un paso al frente reafirmen su convicción y disposición para acompañarnos al campo de lucha.

Goliat nos espera.

Y diciendo esto, Juan Bautista se fue a la cabeza del Grupo y avanzó. Lo siguieron casi todos los que estaban allí. Vi a gente de aquí y también de otros Grupos, vi a personas que nos conocen por internet, incluidos alguno de fuera de Brasil.

No sé explicar como sé quién es quién, pero lo sé.

Vi a compañeros del GESJ.

Avanzamos siguiendo a Juan Bautista hasta encontrarnos con los primeros "gigantes". Poco a poco y bajo su comando, él y pequeños grupos se fueron destacando y avanzando en dirección al enemigo, formando un grupo de guerreros para cada gigante.

Primero, los gigantes intentaron pisarnos y nosotros corríamos en diferentes y combinadas direcciones, de modo que ellos se confundían y se desequilibraban. Muchos caían y en aquel momento, corríamos a atacarles en diferentes partes del cuerpo. Los mejor preparados, atacaban la región del corazón, para que se produjera el necesario drenaje de las toxinas del corazón, conforme nos fue enseñado.

Mientras tanto, los compañeros inmovilizaban las piernas y brazos de los gigantes.

Por fuera del campo de combate, otro grupo de gigantes esperaba, pero estos estaban armados y en vez de pisarnos, intentaron alcanzarnos con bombas y bolas negras. Nosotros corríamos en total sincronía como si hubiésemos ensayado una danza en grupo y las bolas estallaban en los espacios vacíos.

Desde lo alto, el águila aún emitía altos silbidos, manteniendo la barrera del sonido, que filtraba el tiempo de entrada de los enemigos, para que avanzaran sobre nosotros apenas la cantidad suficiente para dominar y vencer.

La noche se termina. El grupo regresa al local inicial, exhausto. Un nuevo haz de luz es derramado sobre todos; algunos lo aprovechan más, y otros menos. Juan Bautista retoma la palabra diciendo:

Hermanos, regresamos a salvo. Las fieras abominables han sido abatidas, pero no ha finalizado el combate. Regresad al cuerpo de carne, abasteciendo de fe vuestro corazón, pues una vez más, nos reuniremos aquí.

Id en paz.

Juan Bautista

GESH - 08/05/2009 - Vitória, ES - Brasil




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