Minerva - ¡Morgana, me has escuchado! ¡Has oído mi llamada. Me has oído!...
Margarida - Gracias a Dios.
Minerva - No aguantaba más de tanto buscarte en el fango, por todos os lados.
M - ¿cómo te llamas?
Minerva - Me llamo, he intentado recordarlo tantas veces me llamaban Mimi, Mimi pero no me acuerdo de cómo sigue.
M - No te preocupes, no importa. Ahora nosotros te vamos a bautizar con otro nombre: ¿Rosa, Jazmín? Vamos a darte el nombre de Jazmín ¿Es bonito verdad? Es una florecita.
Minerva - ¿Será que Minerva es como me llamo? Me ha venido ese nombre a la cabeza.
M - ¡Minerva es un nombre bonito!
Minerva - Tú eres bonita, yo estoy deformada, muy arrugada.
M - Eso es pasajero.
Minerva - Ya ni siquiera consigo realizar brujerías en mi propia defensa.
M - Gracias a Dios, pues al no estar consiguiendo realizar ninguna brujería, vas a volver a tu forma normal, como eras antes, más deprisa de lo que piensas.
Minerva - Voy a quedar bonita, igual que tú; me gustaba tanto ser bonita hice mucha magia para la belleza, tomé y vendí tantas pociones A veces engañaba a las mujeres y las enfadaba, porque quedaban deformes, feas, se les caía el pelo. Me pedían que les hiciera el trabajo y yo lo hacía. Pero a mí me gustaba mirarme en el espejo
M - ¿A quién no le gusta mirarse en el espejo y verse bonita?
Minerva - Tenía un pelo largo y sedoso, ahora son como alambres clavados a la cabeza. La piel satinada, ahora está reseca, desnutrida; mi apariencia me da vergüenza.
M - No estés triste. Te someterán a un tratamiento.
Minerva - ¿No les daré asco? ¿Cómo a los de donde vengo?
M - ¡No, no! Aquí en la Colonia nadie se ríe de nadie, porque generalmente, todos los que llegan aquí en busca de tratamiento, estuvieron más o menos en tu estado. Todos eran carentes, nadie llegó siendo lindo. Después, con el tratamiento y la renovación interior, fueron mejorando el aspecto, más guapos, saludables. Contigo sucederá lo mismo.
Minerva - Morgana, hay una fuerza superior que me sustenta, porque si no, yo sola no consigo hablar, pues las palabras no salen de mi boca con tanta claridad.
M - Todos nosotros tenemos aquello que la Iglesia Católica llama Ángel de la Guarda, y que el pueblo llama Guía Espiritual, Guardián o Protector. Él es quien te está ayudando a expresarte y a serenarte. Ten paciencia, volverás a ser bonita. Ahora bien, practicar magia, nunca más.
Minerva - ¿Ni siquiera un hechizo, para que esté bonita más rápidamente?
M - No, de ninguna manera. Ahora estarás sana y bonita a través del trabajo redentor, el trabajo en el bien. Cuando menos te lo esperes, volverás a verte bonita, como todas nosotras, aunque en el físico no se aprecie tanto; ¿pero en el astral, a que somos bonitas?
Eso es porque hemos trabajado en el bien, renunciando a muchas cosas, sacrificando determinados días y horas; a nosotras eso no nos importa, lo hacemos con gusto, con buena voluntad, pues sabemos que ayudando el prójimo nos estamos ayudando a nosotras mismas.
Minerva - ¡Yo también he trabajado mucho para hechizar, para hipnotizar!
M - Y ahora usarás toda esa sabiduría de la magia en beneficio del bien, en tu propio beneficio. Todo lo que se aprende...
Minerva - Me estoy acordando que hasta Zombis sabía hacer.
M - Sé que existe ese proceso en la magia negra.
Minerva - Pero ya no me acuerdo de cómo era ese proceso.
M - ¿Y para qué recordarlo, si ya no vamos a convertir a nadie en Zombi. Al contrario, tenemos que despertar a toda esa gente hechizada, no dejar que sigan durmiendo.
Minerva - ¡Estoy sintiendo un hormigueo en el cuerpo, Morgana! ¿Qué será?
M - Es a causa de la vibración superior de la médium que te ha prestado el cuerpo.
Vamos a realizar una oración en tu favor, y te decimos lo siguiente: Te vas a quedar con nosotros en la Colonia Siervos de Jesús.
No te preocupes más con la belleza, porque poco a poco irás perdiendo esa forma y adquirirás una más bonita. ¿Cómo? Trabajando arduamente en la Siembra de Jesús, como todas las que trabajamos aquí.
Minerva - ¡No le tengo miedo al trabajo!
M - Lo sé, si trabajaste conmigo, no tendrás miedo al trabajo. Así que vamos a hacerlo, y de algún modo irá cambiando tu apariencia, hasta que retomes tu forma antigua.
Minerva - ¿Cómo me llamo ahora, ya no me llamo Minerva?
M - Si te has acordado, sigue como Minerva. Yo te puse Jazmín.
Minerva - Prefiero Jazmín, que es una flor bonita, olorosa, y hoy no tengo perfume.
M - Entonces Jazmín, estás en tu casa, en la Colonia Siervos de Jesús, porque todos son amigos y hermanos, y para finalizar, vamos a hacer una oración en tu beneficio, y tú nos acompañas mentalmente si quieres.
Minerva - Así lo haré.
Minerva
(hoy, Jazmín)
GESH - 13/11/2009 - Psicofonía - Vitória, ES - Brasil