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Nadie sufre por injusticia divina

29/01/2010

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¡Hermanos, que la paz sea con vosotros!

El sufrimiento superlativo expiatorio, revela el grado de comportamiento de la criatura hacia su prójimo, puesto que toda acción degenerativa genera un dolor en el propio ser.

Huir de las pruebas por las puertas del suicidio es sentenciarse a un sufrimiento aún mayor al purgar las culpas.

El cuerpo astral, siendo de composición etérea sensible y moldeable por el propio individuo, en el transcurso de sus existencias planetarias, en el uso del libre albedrío, se va sutilizando o deformando.

Con los esfuerzos en el perfeccionamiento moral, el ser sutiliza su cuerpo astral o periespíritu. Con las conductas morales decadentes y con el suicidio, la criatura moldea su alma en la deformidad que desfigura, que solamente puede ser corregida enfrentándose a la misma prueba en una nueva existencia.

Sucumbir al suicidio es posponer durante siglos el deseado encuentro con la paz, la armonía y el equilibrio.

Nadie sufre por injusticia divina y la Espiritualidad Superior, en el nombre de Dios y bajo la Égida de Jesús, está siempre presente en las luchas de los encarnados por la superación de sus pruebas, por ásperas que sean.

El desarrollo de la fe en el Creador y la práctica de las Lecciones de Jesús son los recursos de salvación para todos nosotros.

Que Jesús nos bendiga a todos.

Juana de Angelis

GESJ - 19/01/2010 - Reunión Pública - Vitória, ES - Brasil




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