Que María caldee los corazones de las madres que pierden a sus hijos a manos de la violencia y el vicio que degradan el alma.
Madres, vuestros hijos son Creaciones Divinas, no están abandonados ni distantes del Amor que rige el Universo.
En el paso de vuestros hijos por la Tierra han quedado gravados en su corazón el dolor, la rebeldía y la violencia, tónica de los caminos que escogieron seguir, pero también ha quedado en su corazón el amor de la madre a quien fue confiado, los momentos de alegría, la sonrisa, el abrazo, la ternura.
Para Dios seremos siempre sus niños eternos, y para vosotras, madres, siempre serán vuestros hijos.
No importa cuántas personalidades asuman en el futuro; cuántas familias puedan tener; cuántos Mundos habiten; porque en vuestro corazón, el amor que una vez fue plantado jamás morirá, pues de entre todos los sentimientos es el más noble, porque de él fuimos creados.
Nosotros, Creaciones Divinas, pasamos nuestras vidas aprendiendo a amar, pero para la mónada (espíritu) aún verde en sus primeros pasos, infelizmente primero aprende a odiar, a ofender, despreciar, vengar; hasta que un día se ve en las ciénagas del sufrimiento, sola, y esta soledad le hace sentirse abandonado por aquellos que la acompañaban. Locamente se acuerdan de Dios, y gritan: "¿Por qué me has abandonado"?
Y nuevamente sienten el calor del abrazo materno, cuidando, amparando, guiando...
Por lo tanto, madres, por más dolorosa que sea la prueba del retoño a ti confiado, cree siempre: Dios está con él, y al primer pedido de ayuda, varias madres del pasado enseguida acudirán, enviando el socorro necesario para su condición de tránsfuga de las Leyes Divinas.
No sufrirán nada más de lo que hicieron sufrir a otros; apenas el sufrimiento que cultivaron con sus propias manos, hasta que, regenerados, sean ellos socorristas de sus hermanos de humanidad.
Paz en vuestro corazón.
Meimei
GESH - 19/07/2013 - Vitória, ES - Brasil