Videncia - Veo una joven, ex-vampira; se llama Elizabeth y se aproxima a paso lento. Su expresión es de miedo y tristeza; su delgadez es acentuada, como si estuviese pasando hambre. Su piel es pálida, pero no gelatinosa como antes. Ya no le sale sangre de la boca y la nariz.
Se acerca a la mesa y un Instructor la ayuda a sentarse en una silla a mi lado. Baja la cabeza, pero percibo que lanza miradas rápidas a Dª.Margarida.
Noté que ya no ataca más a nadie, parece haber readquirido el aspecto de una joven de 18 años.
Con voz baja, pausada, a veces trémula, nos pasa su mensaje:
Hola, estoy aquí de nuevo. El joven que me ha traído dice que puedo contar mi historia sin miedo, porque vosotras no tendrías recelo ni odio hacia mí.
Ahora ya estoy mucho mejor, ya no me siento una "fiera" como antes. El odio que me dominaba cuando miraba a la Señora Margarida, ya no lo siento, aunque aún siento miedo.
Es difícil controlarme y no salir en busca descontrolada de sangre. Esta parte es difícil de contener, grito desesperada por una gota. Antes me mordía para sorber mi propia sangre, pero no tenía. Los médicos me han dicho que estoy en fase de desintoxicación y que ese proceso es normal.
Cuando me enfado, grito, lloro, ellos me dan un líquido lechoso blanco, con sabor semejante a la sangre, y eso me calma, aunque conscientemente sepa que no es sangre.
Leo, hago terapia. Los psicólogos conversan conmigo sobre mi pasado; cuando hablo con ellos no siento rabia ni ganas de agredirles.
Fue él, el psicólogo Humberto, quien me dijo que ya podía contar mi historia.
Me llamo Elizabeth, tengo 18 años y nací en el año 1700, creo que en Inglaterra.
La parte de mi vida que me ha traído hasta aquí comenzó cuando fui asesinada en un ritual de Magia Negra, en una cabaña vieja, y abandonada en medio del bosque; mi espíritu quedó allí preso durante mucho tiempo. Cuando conseguí salir, busqué venganza. Cuando el propósito es el mal el corazón está dominado por el odio, los comparsas semejantes aparecen.
Lo que notaba en mis andanzas era el hambre que sentía. Uno de estos compañeros dijo que podría alimentarme de sangre porque era abundante y fácil de conseguir.
Me sentía sola y pensaba que él era mi "amigo"; no notaba malicia en sus ojos.
Al principio rechacé beber sangre humana.
Pero, con paciencia, y riéndose de mí, me dijo que podía entrenar con la sangre de animales, y que sin sangre no tendría fuerza para completar mi venganza. Eso despertó lo peor de mí, y como una fiera, mataba y bebía sangre de pequeños animales.
Después de un tiempo mi "amigo" dijo que ya podía pasar a niños, porque eran como pequeños animales y su sangre era más fuerte y sana, lo que me daría poder y fuerza, y mejoraría mi visión y audición. Seguí sus palabras al pie de la letra y buscaba niños menores de siete años, sanos y robustos.
Todo fue sucediendo como él me dijo, me sentí poderosa, pero fría y cruel. Con el tiempo el llanto y el dolor de los menores no me tocaron más el corazón.
No obstante, mi entrenamiento no estaría completo hasta no llegar a adultos, y de ellos no sentí pena ni restricción.
Me enseñaron que no debía secar a la presa en la primera mordida, pero yo era ávida y odiosa; hice lo contrario, y difícilmente una presa salía viva de mis colmillos.
Mientras tanto, cazaba locamente a la "bruja" que me lanzó a esta vida de esclava, prisionera de las tinieblas; y así mi odio aumentaba.
Fui en busca de embarazadas. Supe que su sangre era la más fuerte de entre los adultos porque la energía que poseían aumentaba la fuerza de los Vampiros debido a la gran cantidad de fluido vital.
Era una noche de luna llena y estaba a punto de entrar en una casa que llevaba vigilando desde hace tiempo. Allí vivía una embarazada pero no paraba de rezar y cantar. Eso me irritaba. Cuando me lancé al ataque para morderla, un hombre apareció y me impidió morder a la dueña de la casa. Me inmovilizó con su fuerza, sin tocarme; entonces, perdí el sentido.
Hoy sé su nombre, pero aún tengo miedo de su mirada, que es fuerte y nos hace sentir vergüenza de quienes somos. Su nombre es: Shama Hare, y debido a él estoy aquí.
Mis antiguos comparsas me persiguen. El Sr. Hercílio Maes me lo dijo cuando pregunté si estaba prisionera en el hospital, y él me dijo que no, pues la decisión de permanecer o no sería siempre mía; pero que recordara siempre el dolor, el hambre, la soledad, y sobre todo que me acordara de Jesús. Que Él, y solamente Él, sería mi amparo en las horas difíciles, y no los ignorantes de la Luz, que por rebeldía se complacen y no respetan las Leyes Divinas.
Después de eso paré de pedir libertad, pues sé que soy libre y que por mí, muchos correr riesgos. De ahí que me mantenga en el camino del bien.
Gracias Maestro Jesús y Maestro Shama Hare y a todo el equipo que me socorrió y que me ayuda; espero un día poder retribuir la solidaridad y el amor tan grande, que de momento no poseo en mi corazón.
Elizabeth
Ex-Vampira
GESH - 15/11/2013 - Vitória, ES - Brasil