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Soy un simple aprendiz

17/02/2014

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Que la Luz del Divino Jesús envuelva los corazones de las personas de buena voluntad.

Hermanas, en los Grupos de Rescate donde nos reunimos, lo que más nos conmueve y lo que nos trae mayor satisfacción es la recuperación de las almas en sufrimiento; principalmente cuando retiramos de las garras del sufrimiento a los pequeños infantes, ya sea por muerte prematura o por causa de la violencia.

Ellos se sienten perdidos y abandonados en el Astral o en las casas donde se haya producido su padecimiento.

Hoy, en medio de estas tareas de rescate, a veces, cuando nos es posible, conseguimos sacar del lodazal al verdugo, que no deja de ser un enfermo, prisionero de la conciencia culpada y atormentada.

A estos procuramos enviar nuestros más nobles sentimientos fraternos, pues rechazados y humillados, no creen que el Amor Divino también vele por ellos y que puedan ser socorridos.

Hermanos de la Tierra, el título de "Santo" no me corresponde, porque el Maestro, a quien procuramos seguir el ejemplo que dejó cuando estuvo en la materia, renunció a títulos y comodidades; y es en esa vida humilde, legada por Él, donde procuramos reflejarnos.

Soy un simple aprendiz, buscando a cada paso seguir Sus pisadas.

Cuando estaba en la vida física los niños me conmovían; por eso utilicé mi tiempo en protegerlos y guiarlos en las enseñanzas de Jesús.

Ahora, como en el pasado, los pequeños hijos de Dios continúan conmoviendo mi corazón, porque en la dura cosecha del "final de los tiempos", las tragedias, los odios construidos en el pasado, les arrebatan la inocencia, la alegría y la esperanza en el porvenir.

Por ese motivo nos dedicamos a ellos, para que al salir del lodazal de la desesperación, tengan esperanza en días mejores, en ser amados, cuidados y cariñosamente acogidos.

Este Hermano que humildemente trabaja en la Siembra Bendita, os pide que la noche de Navidad (nochebuena), en la alegría de la familia reunida envolviendo los hogares, os acordéis y hagáis una oración para todos los niños sin hogar, que no pueden tener una Navidad de paz, armonía y calor, resultante de los corazones repletos de júbilo.

Pedid por aquellos que están en los albergues, en las calles, en las instituciones penales, en los hospitales, y en medio de las guerras. Así, el Amado Jesús, en Su Infinito Amor, que toque su corazón y los de calor con Su Luz.

Y que de este modo, al menos por unos instantes, puedan olvidar la dura realidad en la que viven, y recuerden que también son hijos de Dios.

Antonio de Padua

GESH - 13/12/2013 - Vitória, ES - Brasil




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