Innumerables y destacados actos marcaron la historia de su humanidad. Entre tanto, ninguno fue más relevante que la llegada de Él.
Renovados de esperanza, muchos espíritus se entregaron al trabajo de auxiliar al Maestro Jesús en su descenso Angélico hacia las densas condiciones de la costa terrestre.
Después de años de trabajo, finalmente llegó el gran día en que las naves puedan abrir el camino final para la manifestación del Símbolo de la Paz Mayor entre los hombres. Databa entonces la tercera década.
El acontecimiento largamente anunciado en las esferas astralinas alcanzó el plano físico.
Perseguido igual, cumplió satisfactoriamente, el planeamiento que Él mismo trazó, asesorado por hermanos extraplanetarios.
Nunca más la humanidad sería la misma. Vino del Oriente y Su Luz inundó la Tierra, y fue esparcida, irradiada por las centellas dispersas, sus discípulos y seguidores.
La llama que mantiene viva la vida en la Tierra está sustentada en el Oriente y Occidente hasta hoy. Y con Su poder procura postergar a todo instante el momento en que verán su propia injusticia cubrir de tinieblas la Tierra.
De todos los actos en la vida de Él, este el más importante retrato de amor infinito del Padre hacia todas las critaturas.
"Hermano querido": nos distanciamos de Ti, pero hoy que hemos crecido queremos quedarnos junto a Tí.
Condúcenos Excelso Rabi; queremos a Tu lado marchar.
Shama-Hare, 26/06/2004